La comunicación es la base para el desarrollo de una sexualidad sana y responsable. La comunicación en todas sus manifestaciones, es la herramienta fundamental para lograr una adecuada educación sexual a cualquier nivel.
Existen varias formas de comunicación las cuales son muy empleadas en el campo de la sexualidad:
Comunicación auditiva: El paralenguaje se expresa a través de variaciones del volumen, timbre, velocidad, inflexión y ritmo de la voz, y transmite el efecto o la actitud emocional ante el otro.
Comunicación táctil: La comunicación más importante e imprescindible del sexo resulta el tacto. Los gestos de amor se ofrecen con las manos, la boca, y el sexo, y se reciben en toda la piel, y en la mucosa de los orificios de la boca, el sexo y el ano.
Comunicación Visual: Las señales de amor provienen de la cara, las manos y el cuerpo: Expresiones de la cara. Los gestos del cuello añaden más significados a la cara. La sonrisa es el signo más universal de interés, de aceptación y de invitación al galanteo.
Comunicación verbal y no verbal: Comunicarse bien significa ser capaz de transmitir un mensaje, de tal forma que el receptor capte exactamente lo que nosotros deseamos que capte. Para ello debemos tener en cuenta tanto los aspectos verbales (los producidos por la voz), como los no verbales (los producidos por nuestros gestos, nuestra mirada, el tono empleado, etc.) Cuando la comunicación es correcta, raramente puede malinterpretar un mensaje, y en general suele ser más constructivo plantearse qué es lo que falla en la forma de decir las cosas, que insistir en que el otro no quiere entendernos
Los beneficios que podemos obtener gracias a una buena comunicación con nuestra pareja son los siguientes: Mejora la intimidad y la confianza con nuestra pareja, por lo que permite conocerla más en la parte más íntima y afectiva; favorece el autoconocimiento de uno mismo; permite conocer los gustos y deseos de nuestra pareja y ayuda a poner límites claros sobre lo que queremos o no nosotros; conduce a relaciones sexuales más placenteras; evita la aparición de malentendidos; mejora la salud sexual y nos ayuda a abordar este aspecto de una forma libre y respetuosa, sin tabús; facilita la expresión de emociones; mejora la autoestima de los dos miembros, teniendo un efecto en la seguridad personal; cultiva el respeto por el otro y por uno mismo; y por último, fomenta la capacidad para gestionar, con nuestra pareja, situaciones de dudas o incertidumbres.
Más información en:
https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1695-61412010000200018
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